Mujeres en Afganistán
Subordinación y terror
En septiembre de 1996 el grupo fundamentalista islámico talibán tomó
el poder en Afganistán. Amparado en un régimen totalitario basado en una particular interpretación de la Sharía, ley musulmana basada en el Corán, instaló una política de terror.
Las normas que rigen a partir de ese momento son especialmente brutales contra las mujeres. Se les prohibe la utilización de los baños públicos y se las obliga a usar burka, un velo que cubre su cuerpo de la cabeza a los pies. Si desean salir a la calle deben hacerlo acompañadas por un pariente consanguíneo. Se les prohibe estudiar, no pueden trabajar ni participar en política. Las casas donde haya mujeres deben tener las ventanas pintadas para no ser vistas por los transeúntes. Deben llevar zapatos silenciosos para no ser oídas. La que no cumple con estas reglas es apaleada y apedreada en público. Muchas prefieren acabar con sus vidas antes de padecer tales condiciones.
Las reglas impuestas por lo talibanes, no son menos duras para el resto de los afganos. Los hombres deben usar largas barbas, en caso de no tenerlas se los ridiculiza pintándoles una. Todos están obligados a rezar cinco veces al día. A los ladrones se les corta la mano y si reinciden un pie. Quienes consuman drogas, alcohol o cometan adulterio son castigados con la muerte. También está prohibido ver videos, jugar al fútbol y remontar barriletes.
Una historia de luchas constantes
Los talibanes (nombre que significa “estudiantes”, aunque la mayoría de sus integrantes son analfabetos) son hijos de la Guerra Fría. En 1979 las tropas soviéticas invadieron Afganistán. Entre 1980 y 1988, EE.UU invirtió 2.300 millones de dólares en armas y entrenamiento militar a los diferentes grupos guerrilleros, entre los que se encontraban los mujaidines y talibanes. Durante diez años, la milicia afgana combatió la presencia rusa en su país, hasta que en 1988 el desmembramiento de la Unión Soviética produjo la retirada de los 100 mil soldados soviéticos que ocupaban Afganistán. En 1992 los talibanes finalmente derrotaron al gobierno comunista que había gobernado desde 1986. Sin embargo no fue hasta 1996, con el derrocamiento del presidente moderado Burhanudain Rabbani, que impusieron su gobierno totalitario. El ex presidente comunista Mohamed Najibullah y su hermano Shanpur fueron colgados en un semáforo frente al palacio presidencial.
Para Abdul Karim Paz, director de la mezquita At-Tauhíd, allí radica la base del problema afgano: según su opinión el gobierno norteamericano utiliza a los talibanes como chivo expiatorio para desprestigiar a todo el islamismo y para frenar un supuesto desarrollo iraní: “Son grupos que fueron financiados por la CIA y por países árabes ricos en petróleo, como Arabia Saudita y Pakistán, y luego promovidos políticamente para tener un control de la zona. Los talibanes no hubieran tenido la fuerza que tuvieron sin apoyo exterior. Hasta el momento en que tomaron el poder, en Afganistán existía un gobierno de coalición bastante popular que no era muy afecto a la política de Estados Unidos, por el contrario, tenía muy buenas relaciones con Irán, y le permitía su expansión hacia las repúblicas de la ex URSS que se estaban independizando y tenían mayoría musulmana. Esto no les interesaba a las grandes potencias. Con la presencia de los talibanes se cortó ese desarrollo iraní, y creo que ese era su objetivo: frenar a Irán y poner al frente de Afganistán a un gobierno dócil que le permitiera a occidente llevar su política tanto allí como en los países vecinos. Además de querer deformar el Islam haciendo creer a la gente que nuestra religión es la que practican los talibanes”.
El periodista y sociólogo, Pedro Brieger, cree que el problema es mucho más complejo y que atañe a un conflicto ancestral: “El problema de Afganistán es que hay una lucha entre etnias. Los talibanes son sólo una de ellas, pero hay otras que controlan otros territorios. Cuando los afganos dejaron de luchar contra la ocupación de la URSS, comenzaron a matarse entre ellos. Es una guerra civil, cuando una de las facciones gana, se apodera del lugar e impone sus condiciones a todos. Pero esta guerra viene desde hace años.”
Dos opiniones
Para Karim Paz lo que practican los talibanes no es el Islam: “Persiguen a las mujeres y matan a civiles, especialmente a alcohólicos y drogadictos, pero a su vez contrabandean opio. Ellos dicen que hacen eso en nombre de la religión, pero yo me pregunto: ¿es eso la sharía?. No solo yo, sino que ninguno de los grandes centros teológicos los reconoce como movimiento religioso.” Para Brieger, en cambio, sólo se trata de una interpretación diferente del Corán: “Los pro-iraníes dicen que lo que practican los talibanes no es el Islam, pero no existe una sola visión del mismo. Hay tantas interpretaciones como países islámicos. Son culturas distintas, no podemos decir que una visión del Corán es más estricta que otra.”
A pesar de sus diferencias, ambos coinciden en que el problema es político, no religioso y que Estados Unidos tiene mucha responsabilidad en este tema: “Los talibanes son un grupo con intereses políticos. Además, no son antioccidentales, no niegan el capitalismo y hasta hacen alianzas comerciales con las grandes potencias. Por otra parte, Estados Unidos tiene una relación ambivalente con Afganistán. Por un lado, los armó para evitar el avance soviético y ahora los utiliza para desprestigiar al islamismo. Norteamérica siempre tiene que tener un enemigo, primero fue la URSS, luego Irán y ahora todos los musulmanes en general”, opinó Brieger en coincidencia con Paz.
"A nadie le importa Afganistán"
El problema de los oprimidos afganos se complica porque, además de ser víctimas de un régimen totalitario, su situación no es prioridad en la agenda de los países centrales. Guilherme L. da Cunha, representante regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), explica que "un país tan lejano como Afganistán no amenaza los intereses de las grandes potencias de la misma manera que lo hace Kosovo que está en el centro de Europa y que, desde el punto de vista político estratégico tiene mucho más peso para los norteamericanos."
Según Brieger, "a occidente ya no le interesa Afganistán. Es un país lejano, con una cultura muy diferente y quizá sólo les importe por el petróleo. Lo mismo pasa en Africa: no les importa."
Texto: Sol Drincovich y Vanina Sylvestre
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